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Por Dannah Gresh

La verdad es que nuestros teléfonos son dispositivos que nos distraen mucho. Dan la ilusión de neutralidad; puedes usarlo para bien o para mal, y en cualquier lugar intermedio. Entonces, ¿cómo enseñarás a tu hija a interactuar con la tecnología?

¿Recuerdas el tocadiscos del pasado? Solo hacía una cosa.

Desafortunadamente, hoy en día, nuestros dispositivos no solo hacen UNA cosa. Hacen muchas cosas. Y no son realmente una herramienta. Una herramienta es algo que simplemente se queda ahí y espera hasta que usted quiera usarlo, como un martillo, una bicicleta o una impresora.

No andas constantemente pensando en tu martillo, tu bicicleta o tu impresora.

La tecnología es llamada una herramienta, pero en realidad es mucho más. Nos llama. Suena, nos notifica, zumba, ¿y adivina qué? Ese zumbido o notificación típicamente no te está apuntando a la Palabra de Dios.

Solía haber un dibujo animado con un diablito en un hombro diciendo algo como “¡come el pastel!” y el ángel en el otro hombro”¡prometiste que no lo harías!”

Pero a mi modo de ver las cosas, hoy en día nosotras y nuestras hijas, con la tecnología no tienen solo un diablito y un ángelito, son mil demonios. Este hombro está MUY pesado. Así que estamos tratando de levantarnos ante esta presión.

Proverbios 21:5 dice:

Los planes bien pensados y el arduo trabajo llevan a la prosperidad, pero los atajos tomados a la carrera conducen a la pobreza.

¿No estarías de acuerdo en que ahora mismo hay mucha pobreza de espíritu?

Hemos hablado mucho aquí en Chica Verdadera, sobre el crecimiento exponencial de la ansiedad y la depresión. Tenemos una pobreza de espíritu en nuestras comunidades y en nuestra nación. Y mucho de eso, creo, proviene de la prisa y la forma en que interactuamos con nuestra tecnología. Cuando haces una búsqueda, quieres los resultados RÁPIDOS. ¿Quién era ese actor en esa película? ¿A qué hora abre esa tienda? ¿Qué tan rápido puedo conseguir ese par de zapatos? Nos apresuramos, queremos que las cosas sean rápidas, estamos impacientes. Y Dios no trabaja de esta manera. Si lanzas una oración, no es como si Él fuera a responderle en los próximos 2.5 milisegundos. ¡Hay espera involucrada!

Otra cosa con la que nuestras niñas están luchando es con el sentido de pertenencia.

O luchamos con tener un concepto muy alto sobre nosotras mismas  (¡guau, soy genial, tengo tantos seguidores!) O tener un concepto inferior de nosotras mismas (guau, publiqué una foto y a NADIE le gustó. No valgo nada. )

En Romans 12:3-5 dice:

3 Basado en el privilegio y la autoridad que Dios me ha dado, le advierto a cada uno de ustedes lo siguiente: ninguno se crea mejor de lo que realmente es. Sean realistas al evaluarse a ustedes mismos, háganlo según la medida de fe que Dios les haya dado.[b] 4 Así como nuestro cuerpo tiene muchas partes y cada parte tiene una función específica, 5 el cuerpo de Cristo también. Nosotros somos las diversas partes de un solo cuerpo y nos pertenecemos unos a otros.

La mayoría de veces nuestros hijas están obteniendo su sentido de pertenencia de su perfil de Instagram en lugar de hacer preguntas como:

  • ¿Qué puedo realizar en el Cuerpo de Cristo?
  • ¿Qué papel puedo tener en el Cuerpo de Cristo?
  • ¿Cómo me ha hecho Dios para encajar en ese cuerpo?

Nosotras, como mamás, podemos buscar formas de criar a nuestra hija.

  • ¿Cómo está “cableada” mi hija?
  • ¿Cómo puedo nutrirla?
  • Quizás tu hija sea una líder. ¿Cómo puedes ayudarla a involucrarse en puestos de liderazgo?
  • Quizás tu hija sea una persona generosa. ¿Cómo puedes empoderarla para dar?

Descubramos esos dones y enseñemosle a nuestras hijas cómo ser parte del Cuerpo de Cristo. Y por esa razón, no deberíamos tener una opinión más alta o más baja de nosotros mismos de lo que deberíamos. Esta es la Verdad que libera a nuestras chicas. Cuando ven que pertenecen a la familia de Dios y ven lo que valen, de repente no importa tanto lo que digan las redes sociales. Después de todo son algoritmos y píxeles; No son reales.

Nuestros hijas necesitan estar en un lugar donde comprendan lo que ES real.

Esa prisa conduce a la pobreza de espíritu, pero su diligencia conduce a la abundancia. Que su pertenencia provenga de estar en el Cuerpo de Cristo. Las niñas están encontrando su valor en el lugar equivocado, y nosotras, como mamás, podemos encontrar nuestro valor en el lugar equivocado también. Volvamos al camino y señalemos a nuestras chicas (¡y a nosotras mismas!) la Verdad que nos libera.


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