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Por Dannah Gresh

Las palabras suaves son un árbol de vida;
la lengua engañosa destruye el espíritu”.

(Proverbios 15:4)

Tristemente, aprendí esto en carne propia.

Hace muchos años, Bob y yo asistimos a un retiro de matrimonios de una semana, en el que tuvimos un tiempo a solas con un consejero. Afirmaba ser cristiano y creo que probablemente sí lo era, pero no estoy segura de que conociera muy bien su Biblia.

Cuando en nuestra sesión de consejería compartí un poco de la frustración que sentía en mi matrimonio, él sugirió que tenía ira reprimida y que necesitaba encontrar algunas formas saludables de comunicarme mejor con mi esposo, algo que Bob Gresh siempre ha agradecido, ¡ya sea que tenga cosas buenas o malas que decir!

Luego, el consejero me preguntó con qué frecuencia maldecía a Bob. La respuesta fue ¡nunca! Entonces quiso saber si alguna vez simplemente “dejaba salir” mi enojo. La respuesta fue que rara vez sucedía. Bueno, pues según me aseguró el hombre, ¡ese era el problema!

Pero eso NO era verdad… y tampoco fue un buen consejo bíblico. 

Este hombre dijo que él podía ayudarme a destapar mis verdaderos sentimientos y dijo que podíamos empezar con una sola palabra. No solo era profana —y este fue el mayor problema—, sino que no era VERDAD.

Me siento mal por tener que decir esto, pero lo intenté. “Solo es una palabra”, me dije de camino a casa, “¡y no es la peor de las malas palabras! ¡Tal vez estoy reprimiéndome! ¡Qué tal que sí estoy reprimida!

A puerta cerrada, donde nadie más que mi esposo escuchó ese vómito feo y duro, hice lo que el consejero me sugirió y “lo dejé salir”. 

¡Cuánto me arrepiento! Mi corazón se quiebra cuando pienso en las mentiras y heridas que planté en mi dulce y buen esposo, creado a la imagen de Dios, en esas pocas semanas de mis palabras desenfrenadas, horrendas y duras.

Alrededor de una semana después, manejaba por la calle y un conductor se me cerró. En ese instante, le saqué esa palabrota al otro conductor. Ahí fue cuando supe que tenía un problema.

Conduciendo de regreso a casa, le pedí al Señor que me perdonara y me ayudara. Sabía que había perdido el control de mi boca. ¡Me había hecho dura, fea y cruel! Si bien es cierto que Dios usará nuestras palabras si se lo permitimos, al parecer también es verdad que Satán las usará… si se lo permitimos.

Hoy vamos a examinar la Palabra de Dios esforzándonos por ver si nuestro propio estilo de comunicación se alinea con la Verdad de las Escrituras. Estamos llegando a la parte divertida de Proverbios 15:1-4. Repasemos lo que hemos hecho hasta ahora. En la primera publicación del blog de nuestra serie sobre Proverbios 15, conocimos el poder de una palabra amable.

“La respuesta amable calma el enojo,
pero la agresiva echa leña al fuego.

(Proverbios 15:1)

Cuando ante el conflicto y la frustración elegimos tener autocontrol en nuestra respuesta, eso calma la rabia y la angustia tanto en nuestro corazón como en la persona con quien nos estamos comunicando.

En la última publicación del blog de esta serie, aprendimos sobre la sabiduría de una respuesta amable:

“La lengua del sabio hace grato el conocimiento,

pero la boca de los necios habla necedades.

(Proverbios 15:2)

Bueno, es posible que esas dos cosas te hayan pisado los talones y te hayan confrontado, pero pueden ser difíciles de aplicar. Estoy muy contenta de que sigas conmigo porque ahora podemos considerar lo que llamo la recompensa de una respuesta amable. En realidad, ¡hay dos de ellas en Proverbios 15:3-4! Leamos el versículo tres para ver la primera recompensa…

RECOMPENSA #1: ¡Dios observa!

“Los ojos del Señor están en todo lugar,

vigilando tanto a los malos como a los buenos”.

(Proverbios 15:3)

Él ve lo que estamos haciendo y eso incluye nuestra interacción con los demás.

Esta es, o bien una buena noticia para ti, ¡una recompensa en el mejor sentido de la palabra!; o bien una muy mala noticia, lo que podría significar que viene un castigo o alguna forma de disciplina. De cualquier manera, lo que siembres cosecharás.

Si tu estilo de comunicación es sobre todo defensivo, poco amable e hiriente, entonces la idea de que Dios escucha cada palabra que dices debería confrontarte en algún sentido. Ya sea en público o en privado, ¡Él lo ve y lo escucha todo! Y Él juzgará como corresponde.

Solo quiero tomarme un momento para decirte esto: Dios también juzgará a aquellos que te traten mal a ti, incluido tu esposo. Dios juzgará a un hombre que no le hable a su esposa con un lenguaje amable, gentil, suave y vivificante. Si tu esposo te maltrata verbalmente, por favor, no cedas a la tentación de desquitarte con un lenguaje desagradable y lleno de odio.

Si lo haces, eso solo te hará sentir ⎯y también a él⎯ más enojo. Si continúas cediendo al enojo y se convierte en una costumbre, podría resultar en que te vuelvas tan necia como él.

Pero, amiga, déjame decirte también esto: no tienes por qué aceptar ni el abuso ni el maltrato. Cuéntaselo a alguien. Busca ayuda. Está bien alejarse de una situación abusiva. Dios no quiere eso para ti y, con el tiempo, tendrá algo que decirle a un hombre que ha tratado a su esposa de manera dura o abusiva.

LA BUENA NOTICIA

¡Esto me lleva a la buena noticia del versículo!

Cuando el estilo y el tono de tu comunicación son generalmente amables, tiernos y sabios… ¡hay una buena recompensa!

Escucha lo que dice la Escritura en 2 Crónicas, capítulo 16:

“Los ojos del Señor recorren toda la tierra para fortalecer a los que tienen el corazón totalmente comprometido con él”.

Dios observa y está buscando no solo juzgar a aquellos que usan su lengua imprudentemente, sino también para FORTALECER ¡a quienes usan su boca con sabiduría y gentileza!

¡Dios observa! Los ojos del Señor están en todo lugar, vigilando a malos y buenos. Él ve cómo reaccionas y hablas. Eso debería llenar tu corazón de un gran consuelo.

Recompensa #1: Dios observa… y Él te fortalecerá constantemente si encuentra un corazón intachable del que brotan palabras suaves y amables que estén marcadas por la sabiduría.

RECOMPENSA #2: Dios usará tus palabras

“Las palabras suaves son un árbol de vida;
la lengua engañosa destruye el espíritu”.

(Proverbios 15:4)

Cuando hablas con palabras amables y sanadoras, ¡es como ofrecerle a alguien fruta de un árbol lleno de vida! Pero el lenguaje ENGAÑOSO no hace más que aplastar, romper y destruir corazones.

Cada persona es una obra maestra creada a la imagen de Él. ¡Decir lo contrario es una mentira terrible! Usar un lenguaje así es una distorsión de la verdad. Déjame recordarte algo: ¡tus palabras tienen poder!

Cuando usas palabras engañosas…

Estás sembrando dolor, ya sea que te des cuenta o no.

En tus amigos.

En tu familia.

En tu mundo.

Tal como promete Proverbios 15, la lengua engañosa destruye el espíritu. Hoy en día hay muchos espíritus destruidos en este mundo desordenado.

Pero también hay una buena noticia aquí. Hay una buena recompensa: ¡las palabras suaves son un árbol de vida!

LA BUENA RECOMPENSA: ¡Veremos a Dios usar nuestras palabras para traer vida!

Seamos mujeres que eligen palabras amables que estén moderadas por la sabiduría, para que Dios sea quien las utilice.

¡Las palabras tienen poder y debemos usarlas con sabiduría! La recompensa de usarlas bien es que cooperamos con Cristo y damos vida tal como Él lo hizo.

Ahora, si todo esto se siente demasiado difícil, ¡lee Juan 6:63!

¡Es el Espíritu el que da vida!

No yo.

Ni tú.

¡El Espíritu!

Descansa tranquila, amiga; ¡si esto te parece difícil es porque debería serlo! ¡Necesitamos el Espíritu de Dios para ayudarnos!

Cuando observas tu vida, ¿qué ves?

¿Ves la destrucción causada por el lenguaje duro en tu familia y tus amigos? ¿O tienes un asiento en primera fila para ver cómo las palabras suaves y saludables dan vida?

Dios ve lo que estás viendo, y probablemente lo ve con mayor claridad. Por eso nos advierte que una lengua engañosa no refleja la verdad de una persona o situación. ¡Ese tipo de lengua destruye espíritus!

Pero aquí está en lo que espero que meditemos:

Las palabras suaves son un árbol de vida.

Nuestro verso tema de Chica Verdadera:

Jesús le dijo a la gente que creyó en él: Ustedes son verdaderamente mis discípulos si se mantienen fieles a mis enseñanzas; y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres”. Juan 8:31-32

Mamá, la mejor manera de enseñarle a tu hija a vivir como una auténtica Chica Verdadera es vivir como una auténtica Mujer Verdadera, y para hacer eso, tienes que alinear tu vida con la Verdad de la Biblia. Escucha a Dannah Gresh todos los días de la semana en el podcast de Aviva Nuestros Corazones de Nancy DeMoss Wolgemuth. El programa presenta enseñanzas bíblicas, entrevistas que ofrecen consejos piadosos y otras oportunidades para permanecer en la Palabra de Dios.


One response to “Por qué desearía no haber insultado a mi esposo”

  1. Muchas gracias por sus mensajes han sido muy edificantes para mi vida y mi hogar

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